En el fondo del mar, encontré el único lugar donde logre calmar mi mal. Mis demonios poseídos por su voz, aquellos ojos que una vez me sonrieron y su alma, brindándome tanta luz. Una luz que con el tiempo me encandilo y se fue, me dejo ciega bajo el centelleante sol y la luna me acuno, en sus brazos para luego largarme desde lo alto del universo.
¡Y esto era caer! ¡Y esto fue querer! Querer subir a lo alto, ver el paraíso pintado de arco iris y de nuevo, su mano tendida hacia lo irreal.
"No eras tu. Jamas fuiste tu"
Caí y no fue en sus brazos.
Me refugie en los libros que una vez leí, para encontrarlo en algún párrafo ya escrito. Pero de nuevo, ya no estaba ahí. Ni allá, ni en el fondo de la oscuridad. Recorrí el mismísimo infierno para volver a escuchar su voz, pero esta era un unisono de gritos mezclados con encanto, tentador e hiriente. Peor que una sirena, me encante de mentiras para vivir bajo el agua y creer que un día aparecería frente a mis ojos, frente al mar donde me abandono y la piedra donde una vez nuestro amor murió.
es simplemente perfección hecho palabras sta. de cipriano
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