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domingo, 23 de abril de 2017

La gente que me gusta.

Me gusta la gente con fuerza en los ojos. Me gusta la gente con sangre en los labios a causa de morderse la rabia. La que es visceral y paga las consecuencias.
Me gusta la gente que se enfada por pagar la cuenta, y la que llama las cosas por su nombre. Laque disfruta aquellas películas malísimas pero que son las de su infancia. Me gusta la gente que sigue entendiendo lo que es honor, a pesar de que estamos en tiempos complicados. Me gusta la gente que es humana, que se vierte en sus conversaciones y te anima a mostrar todo sin trapujos. Me gusta la gente positiva, que no se amilana ante el protocolo ni se arruga frente a un plan que sale mal, la que es más bruta que remilgada.
Me gusta la gente que se encara con chulería, pero con educación, y la que ríe mucho, y la que sabe distinguir entre pasión y atropello.
Me gusta esa gente que te da silencios porque sabe que no son malos y practica el buen humor de forma contagiosa.
Me gusta la gente que hace falta, ahora.

miércoles, 5 de abril de 2017

Infancia.

Si pudiera retroceder el tiempo, no cambiaría nada de lo que sucedió, pues si cambiaría una milésima de segundo, no sería quien soy y quizá ninguno de mis errores y aciertos no hubieran ocurrido.
Si mi infancia de resumiría a un olor, diría que huele a campo y a césped recién cortado.
Tuve la suerte de crecer prácticamente rodeada de naturaleza, mi casa era (y es) de campo. Recuerdo a toda la familia reunida, las risas, las parrilladas de carne, mis primos y yo correteando por el patio.
También recuerdo las épocas de recoger patatas, las cerezas y lo bueno que estaba todo.
Creo que tuve una infancia muy feliz  o por lo menos eso recuerdo.
Si se resumiera en en un sabor diría que sabe a chocolate,  recuerdo que cuando llegábamos a casa y mi madre me daba un trocito de chocolate y al final nos acabábamos comiendo la tableta entera, no se a quien le gustaba más, si a ella o a mi. De ahí mi ligera adicción por el él día de hoy.
Si pudiera retroceder a un momento y quedarme allí, volvería a cualquier día donde estuviera con mi madre o mi padre, junto a mis hermanos, todos juntos.
Si tuviera que escoger una lección diría que aprendí demasiado sobre lo efímera que es la vida, lo rápido que puede cambiar, que nada dura para siempre, y que hoy estamos y mañana quién sabe. Por eso nunca hay que dejar ningún te quiero por decir, ni ninguna nueva experiencia de lado.
Mejor arriesgarse que quedarse con las ganas ¿No?
Si tuviera que resumir todo en un juego, diría que nunca he dejado de jugar a imaginar.
Si encendiera la televisión en este momento, seguro estaría viendo "Verano azul"
Y finalmente, si resumiera todo en una sola frase diría que: Tuve la mejor infancia que se puede imaginar.

lunes, 13 de febrero de 2017

El día que quise cerrar el blog...

A veces pasa que espontáneamente empezamos algo con mucho entusiasmo, con cierta energía o emoción que encontramos en lugares y situaciones inesperadas. Habemos quienes nos motivamos de las alegrías tanto como de las tristezas y logramos canalizar luego del impacto y con la perspectiva más positiva posible nuestras emociones, generando así un aprendizaje propio e incluso una enseñanza para los demás.
A veces pasa también que esa misma espontaneidad que te hizo comenzar te sorprende y te hace sentir que debes detenerte sin saber a ciencia cierta si realmente debes hacerlo, ni el cómo ni el porqué.
Ahora entiendo a Forrest Gump sintiéndose cansado y sin ganas de seguir corriendo...