Si pudiera retroceder el tiempo, no cambiaría nada de lo que sucedió, pues si cambiaría una milésima de segundo, no sería quien soy y quizá ninguno de mis errores y aciertos no hubieran ocurrido.
Si mi infancia de resumiría a un olor, diría que huele a campo y a césped recién cortado.
Tuve la suerte de crecer prácticamente rodeada de naturaleza, mi casa era (y es) de campo. Recuerdo a toda la familia reunida, las risas, las parrilladas de carne, mis primos y yo correteando por el patio.
También recuerdo las épocas de recoger patatas, las cerezas y lo bueno que estaba todo.
Creo que tuve una infancia muy feliz o por lo menos eso recuerdo.
Si se resumiera en en un sabor diría que sabe a chocolate, recuerdo que cuando llegábamos a casa y mi madre me daba un trocito de chocolate y al final nos acabábamos comiendo la tableta entera, no se a quien le gustaba más, si a ella o a mi. De ahí mi ligera adicción por el él día de hoy.
Si pudiera retroceder a un momento y quedarme allí, volvería a cualquier día donde estuviera con mi madre o mi padre, junto a mis hermanos, todos juntos.
Si tuviera que escoger una lección diría que aprendí demasiado sobre lo efímera que es la vida, lo rápido que puede cambiar, que nada dura para siempre, y que hoy estamos y mañana quién sabe. Por eso nunca hay que dejar ningún te quiero por decir, ni ninguna nueva experiencia de lado.
Mejor arriesgarse que quedarse con las ganas ¿No?
Si tuviera que resumir todo en un juego, diría que nunca he dejado de jugar a imaginar.
Si encendiera la televisión en este momento, seguro estaría viendo "Verano azul"
Y finalmente, si resumiera todo en una sola frase diría que: Tuve la mejor infancia que se puede imaginar.
Cada persona lleva un dolor por dentro. Todos estamos un poco muertos, un poco vivos.
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miércoles, 5 de abril de 2017
Infancia.
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