Hasta parece algo cíclico, no sé, cómo una especie de deja vú, que se repite cada determinado tiempo, para recordarme que las llaves me las tengo que pegar a la cabeza y no debo de salir sin celular nunca por ningún motivo. Espero que después de la loca aventura que viví intentando entrar a mi casa, me sirva de lección para nunca, nunca, nunca más olvidar las herramientas necesarias para entrar a mi casa, bueno, a la de mis padres.
Y ayer me pasa la anécdota más graciosa del mundo, tan extraña y tan increíble que todos jurarían que es una escena de una comedia romántica, protagonizada por la actriz de moda; y no digo que yo sea la actriz de moda, para nada, sino porque en esas películas pasan cosas tan tontas, tan irreales y tan poco probables de suceder, que solo porque sale la chica más guapa del momento nos reímos y vamos a ver dicha película.
Pero voy a dar testimonio de que a veces cocas extraordinarias y graciosas, sí, suceden; tal vez las cosas extraordinarias y fuera de lo común, solo les suceden a personas extraordinariamente fuera de lo común. Tal vez esa sea la clave de mis exóticas aventuras, anécdotas que harían reír a propios y extraños, a presentes y a personas que no estuvieron ni siquiera cerca de verlo; todos ríen, obvio, menos mis papás, ellos se cagan del coraje cada que algo gracioso me suceden, porque afirman que es peligroso.
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