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jueves, 3 de noviembre de 2016

Me quedé afuera otra vez...

Hasta parece algo cíclico, no sé, cómo una especie de deja vú, que se repite cada determinado tiempo, para recordarme que las llaves me las tengo que pegar a la cabeza y no debo de salir sin celular nunca por ningún motivo. Espero que después de la loca aventura que viví intentando entrar a mi casa, me sirva de lección para nunca, nunca, nunca más olvidar las herramientas necesarias para entrar a mi casa, bueno, a la de mis padres.
Y ayer me pasa la anécdota más graciosa del mundo, tan extraña y tan increíble que todos jurarían que es una escena de una comedia romántica, protagonizada por la actriz de moda; y no digo que yo sea la actriz de moda, para nada, sino porque en esas películas pasan cosas tan tontas, tan irreales y tan poco probables de suceder, que solo porque sale la chica más guapa del momento nos reímos y vamos a ver dicha película.
Pero voy a dar testimonio de que a veces cocas extraordinarias y graciosas, sí, suceden; tal vez las cosas extraordinarias y fuera de lo común, solo les suceden a personas extraordinariamente fuera de lo común. Tal vez esa sea la clave de mis exóticas aventuras, anécdotas que harían reír a propios y extraños, a presentes y a personas que no estuvieron ni siquiera cerca de verlo; todos ríen, obvio, menos mis papás, ellos se cagan del coraje cada que algo gracioso me suceden, porque afirman que es peligroso.

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