Tan solo eran las 3.40 de la madrugada cuando me levantó el sonido de los golpes del viento en la ventana de mi habitación. El sueño había cobrado venganza y se desvanecía. Giré mi cabeza y prendí mi celular, comprobé la hora, me di media vuelta e intenté recobrar el sueño perdido.
Mis ojos estaban cerrados pero era imposible descansar, me imaginé que despertaba de una pesadilla y que por eso mi inconsciente no quería sumergirse nuevamente.
Prendí la luz de mi mesa de noche, tomé el libro que me acompaña por estos días y continúe mi lectura, intentando aprovechar esa madrugada.
No pude recobrar el hilo de la lectura, empecé a recordar mi pasado, en las cosas que hice y en aquellas cosas que deje de hacer, pero sobre todo en lo que quiero hacer. Recordé a la chica de 6 años que se enamoró por primera vez de su compañero escolar y la comparé con la mujer que tal vez yo sea.
Sonreí imaginando y solloce recordando, me prometí a mi misma reconocer y confesar mis miedos, Sí, una vez más.
Fue una noche singular, una noche de reencuentros, si un reencuentro con mi ex-yo.
Fue lindo. Fue diferente.
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